Historia de vida

Luis Biller: el peso de Malvinas y la gratitud de vivir

Tenía 19 años cuando fue enviado a Malvinas, décadas después, rememora cada detalle con claridad. Hoy, a sus 63 años, habla de la vida como un regalo.

Camila Vergara

Escrita por Camila Vergara

25 de noviembre de 2025, 06:40 p. m.
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En estos tiempos en los que el amor por la patria parece desvanecerse, escuchar a un ex combatiente de la guerra de Malvinas nos recuerda la urgencia de reconectar con nuestro país y de valorar aquello que nos une. Comprender lo que significó estar allí, arrastrándose entre campos helados, atormentados por el miedo de no volver, ayuda a entender lo qué implica luchar por algo más grande que uno mismo.

Nacido y criado en Burzaco, y actualmente viviendo en Fincas de San Vicente, provincia de Buenos Aires, Viller formó parte del regimiento 7 de La Plata, el que más fallecidos y heridos tuvo.

A pesar de haber presenciado el fallecimiento de sus compañeros, sufrir ataques de pánico por haber callado tanto dolor y atravesar múltiples operaciones, incluida la colocación de un marcapasos, Luis sostiene que la vida fue muy generosa con él.

Fotografía en Fincas
Fotografía en Fincas

Tenía tan solo 19 años cuando subió a un avión sin saber hacia dónde se dirigía. “Éramos menos que el peón del ajedrez, la carne de cañón, los descartables”, explica. Pasaría 60 días sin bañarse, y caminaría días desde el aeropuerto argentino hasta los montes Longdon y Wireless Ridge donde bajaría extraordinariamente de peso por la escasez de comida. Subraya que en la guerra se ve tanto el heroísmo como la miseria humana.

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Imagen de archivo
Imagen de archivo

Hemos ido a buscar comida a las cocinas sabiendo que a la mitad del camino nos comíamos un poco de carne que era de nuestros compañeros, cuando uno no tendría que tocar eso, lo hace, porque estás en una situación extrema”, reconoce.

En aquel entonces, los bombardeos eran constantes, pasaban noches en vela por el miedo a que un ataque los sorprendiera. Cuando uno es jóven se cree invencible, sin embargo, los últimos días de la guerra él estaba seguro de que no volvía.

A pesar de dar por perdida la guerra desde el principio, su mirada se proyecta hacia lo que pudo haber sido: “Hay quienes dicen que los ingleses casi se quedaron sin municiones en su ataque final. No creo que Inglaterra y Estados Unidos hubieran aceptado una derrota allí, estimo que habrían atacado el continente”, sostiene.

Pasó años sin poder hablar sobre Malvinas, hasta que un día volvió a La Plata y se encontró con las fotos de sus compañeros fallecidos en Malvinas. “Sentí que los 36 me estaban mirando como diciendo: nosotros nos quedamos acá”, admite. Invadido por la culpa, se sentó en un banco de una plaza y durante cinco minutos lloró desconsoladamente; esa fue la primera vez que pudo desahogarse.


La vuelta:

Cuando finalizó el combate, regresó como prisionero del ejército inglés en el buque Canberra, que hasta ese momento se creía hundido por Argentina.

La última imagen que guarda de las islas es cinematográfica, “como una película de Hitchcock, había bruma, neblina y lloviznaba”. Tras 5 días de navegación, desconociendo su destino, llegaron a Puerto Madryn, “nos trataron como si hubiésemos ganado”, resalta. Allí, los recibieron con pan, y ese día pasaría a ser recordado como el día que Madryn se quedó sin pan.

Imagen de archivo
Imagen de archivo

Trato a los veterano:

El ex combatiente asegura que “la malvinización” ocurrió en los últimos 20 años. Por mucho tiempo, se avergonzó por lo vivido, esto lo llevó a esconder su paso por Malvinas en la facultad, en sus trabajos y hasta en sus relaciones sociales. “Habíamos perdido, nadie se acuerda de los segundos, nos escondieron, el gobierno mismo nos escondió”, relató.

Ante la pregunta de si se siente un “héroe”, Luis considera que los verdaderos héroes fueron los aviadores, que se subían a los aviones sabiendo que solo uno de cada tres regresaría con vida. “Nosotros somos héroes, pero en un escalón más bajo”, afirma.

Hoy, orgulloso de haber combatido por la patria, tiene en su casa un altar con recuerdos de la guerra: esquirlas, cartas de sus familiares y medallas. Nunca pensó en regresar a las islas, teme revivir la emoción que sintió al ver las fotos de sus compañeros fallecidos. “Trato de vivir el presente y ver el futuro, que es tratar de jugar mejor al golf, que mis nietas crezcan y vivir unos años más”, concluyó.

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